Qué es cierto y qué no del vínculo entre el cáncer de mama y la lactancia

Mensajes virales han reavivado dudas sobre si la lactancia previene el cáncer de mama, si una mastitis puede ocultarlo o si el autoexamen basta para detectarlo. Esto dice la evidencia científica.

LO QUE DEBES SABER:

  • En Ecuador, el cáncer de mama es el de mayor incidencia entre las mujeres, con una tasa estandarizada de 38,2 casos por cada 100.000 mujeres, según la Política Nacional para la Prevención y Control del Cáncer del Ministerio de Salud Pública.
  • La lactancia se asocia con un menor riesgo de desarrollar cáncer de mama, pero no reemplaza los controles médicos ni las mamografías recomendadas.
  • En Ecuador, 1 de cada 2 madres da lactancia materna exclusiva a su bebé durante los primeros seis meses de vida, según la Encuesta Nacional sobre Desnutrición Infantil (ENDI) 2023-2024 del INEC

Este es un artículo adaptado de Chequeado que puedes leer completo aquí.

¿Una inflamación durante la lactancia puede ser cáncer de mama?

Una de las dudas que circula en redes es que una mastitis —una inflamación de la mama frecuente durante la lactancia— puede “ocultar” un cáncer de mama. La respuesta es: generalmente no.

La mastitis suele estar relacionada con la acumulación de leche o una infección y no significa que exista cáncer. Sin embargo, hay un tipo poco frecuente de cáncer de mama llamado cáncer inflamatorio, que puede presentar síntomas parecidos, como enrojecimiento, aumento de temperatura, hinchazón o cambios en la piel.

Este tipo de cáncer representa entre el 1% y el 5% de todos los casos de cáncer de mama y, por su similitud con una mastitis, puede confundirse al inicio, según datos recopilados en Estados Unidos. Por eso, los especialistas recomiendan consultar si estos síntomas no mejoran con el tratamiento indicado o si aparecen cambios que persisten.

La oncóloga Valeria Cáceres explica que durante la lactancia algunos signos pueden confundirse con una infección común y retrasar la consulta médica. Una recomendación práctica es volver al especialista si, después de siete a diez días de tratamiento, la inflamación no mejora.

También se debe consultar si aparece:

  • un bulto duro que no desaparece después de amamantar o extraerse leche;
  • cambios en la piel, como un aspecto similar a la “cáscara de naranja”;
  • hundimiento del pezón;
  • secreción con sangre;
  • una inflamación que se repite en la misma zona.

La ginecóloga y mastóloga Cecilia Arballo señala que el dolor o las dificultades durante la lactancia son frecuentes y, en la mayoría de los casos, tienen causas benignas.

¿Amamantar reduce el riesgo de cáncer de mama?

Sí. La evidencia científica indica que la lactancia materna se relaciona con una reducción del riesgo de desarrollar cáncer de mama, aunque no significa que una mujer que amamanta no pueda tener la enfermedad.

Un estudio publicado en la revista científica The Lancet encontró que el riesgo disminuye aproximadamente un 4,3% por cada 12 meses acumulados de lactancia.

Foto: OMS

La ginecóloga Cecilia Arballo explicó: “Los estudios realizados en millones de mujeres de todo el mundo muestran que amamantar se asocia con una reducción del riesgo de cáncer de mama. Este efecto protector se observa para los tumores con receptores hormonales positivos, que representan el 70-75% de todos los casos. También hay evidencia de beneficio para otros subtipos, como los tumores triple negativos, que son los de peor pronóstico”. 

La experta aclaró que la protección aumenta a medida que se prolonga la lactancia. “No existe un umbral exacto, sino que hablamos de una relación dosis-respuesta: cuanto mayor es el tiempo de lactancia a lo largo de la vida reproductiva, mayor es la reducción del riesgo. De todas formas, incluso períodos más cortos pueden aportar beneficios”, dijo.

No obstante, la experta advierte que la lactancia no reemplaza los controles médicos ni las mamografías recomendadas según la edad y los factores de riesgo de cada mujer.

¿El autoexamen ayuda a detectar el cáncer de mama?

No es suficiente como único método para detectar el cáncer de mama. Según la Fundación Breast Cancer, los estudios disponibles no han demostrado que la autoexploración periódica de las mamas tenga un efecto significativo en la supervivencia de las pacientes y puede llevar a realizar estudios o biopsias innecesarias.

Por eso, los especialistas promueven la conciencia mamaria: conocer cómo son normalmente las mamas para identificar cambios inusuales y consultar si aparecen. Algunos cambios que requieren atención son:

  • nuevos bultos o cambios en la forma de la mama;
  • alteraciones en la piel;
  • hundimiento del pezón;
  • secreción con sangre u otra secreción inusual.

Arballo aclaró: “Más que indicar el autoexamen mensual, lo que buscamos es la conciencia mamaria: conocer el cuerpo para poder detectar cualquier cambioEl autoexamen no tiene impacto en la detección de nódulos como sí sucede con la mamografía. Por eso, sí lo recomendamos en mujeres que todavía no están en edad de tamizaje con mamografía, que son las menores de 40 años”.

Durante la lactancia, el tamaño y la textura de las mamas pueden cambiar por la producción de leche. Por eso, los especialistas recomiendan revisar la mama después de amamantar o extraerse leche, cuando está menos llena y es más fácil notar alguna alteración.

¿Cuándo empezar las mamografías?

La Organización Mundial de la Salud (OMS y el Ministerio de Salud Pública de Ecuador (MSP) recomiendan, para mujeres sin síntomas ni antecedentes familiares, realizar mamografías entre los 50 y 69 años como estrategia de tamizaje poblacional.

Otras sociedades científicas, como la Sociedad Argentina de Mastología,  recomiendan iniciar mamografías anuales desde los 40 años y una evaluación del riesgo desde los 25 o 30 años.

La recomendación general de los especialistas es no ignorar cambios persistentes en las mamas. Durante la lactancia puede haber molestias frecuentes, pero una alteración que no mejora debe ser revisada por un profesional de salud.

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