La psicología detrás del fenómeno viral “Tim Payne”

Tim Payne no es una de las grandes estrellas del fútbol mundial. Sin embargo, en pocos días pasó de tener apenas unos miles de seguidores en Instagram a acumular millones y convertirse en uno de los nombres más comentados en redes sociales antes del Mundial.

La historia del “menos popular”

Todo comenzó cuando el creador de contenido argentino, Valen Scarsini, identificó a Payne como uno de los futbolistas con menos seguidores entre los convocados al Mundial. La propuesta que hizo era simple: seguirlo masivamente y ayudarlo a ganar visibilidad.

Esa narrativa activó un mecanismo psicológico conocido como efecto underdog.

Se trata de la tendencia de las personas a simpatizar con quienes perciben en desventaja o con menos probabilidades de éxito. Diversos estudios en psicología social han encontrado que solemos sentir empatía por quienes parecen competir desde una posición menos favorable, especialmente cuando se enfrentan a figuras más poderosas o reconocidas.

En otras palabras, para muchos usuarios Tim Payne dejó de ser un futbolista desconocido y pasó a representar al “menos favorito” de la historia.

Apoyar al que va perdiendo

El atractivo de los llamados underdogs no es nuevo.

En el deporte, la política o la cultura popular solemos celebrar las historias de quienes desafían las probabilidades. El equipo pequeño que vence al gigante. El artista desconocido que triunfa. La persona común que logra destacar.

Las redes sociales amplifican esa tendencia porque convierten el apoyo en una acción extremadamente sencilla: basta con dar “seguir”.

Así, miles de personas sintieron que podían participar en una pequeña causa colectiva con un esfuerzo mínimo. Tim Payne paso de tener un poco más de 4 mil seguidores a más de 4 millones en cuestión de días.

Captura de pantalla del perfil de Instagram de Tim Payne – 2/06/2026

Cuando la popularidad se alimenta de sí misma

Sin embargo, el efecto underdog no explica por sí solo el fenómeno.

También entró en juego lo que los psicólogos llaman prueba social: la tendencia a considerar que una conducta es correcta o relevante cuando observamos que muchas otras personas la están realizando. El psicólogo y escritor estadounidense, Robert Cialdini lo definió como “la tendencia a considerar una conducta más apropiada cuando observamos que otras personas la realizan”.

Es decir, cuando miles de usuarios comenzaron a seguir a Payne, otros interpretaron que estaba ocurriendo algo importante.

Y mientras más seguidores acumulaba, más atractivo resultaba sumarse.

Este mecanismo también se conoce como efecto de arrastre (bandwagon effect): las personas tienden a adoptar comportamientos que perciben como populares.

Así, la historia empezó a alimentarse sola.

El placer de formar parte de la conversación

Otro elemento clave fue la dimensión comunitaria.

Seguir a Tim Payne no necesariamente implicaba admirar su carrera futbolística. Para muchos usuarios significaba participar en una experiencia compartida de internet.

Como ocurre con los memes, la recompensa no estaba únicamente en el contenido, sino en sentirse parte de una conversación global.

Quien seguía a Payne estaba diciendo, de alguna manera: “Yo también estoy aquí. Yo también entendí la referencia”.

Captura de pantalla comentarios en la cuenta de Tim Payne – 2/06/2026

Lo que este fenómeno revela sobre internet

El caso de Tim Payne muestra que la viralidad no siempre depende del talento, la relevancia o la notoriedad previa.

A veces basta una narrativa sencilla, emocional y fácil de compartir.

Un futbolista poco conocido.
Una aparente desventaja.
Una comunidad dispuesta a intervenir.

La combinación fue suficiente para movilizar a millones de personas.

¿Y qué tiene que ver esto con la desinformación?

Más de lo que parece.

Los mismos mecanismos psicológicos que impulsaron el fenómeno Tim Payne también ayudan a explicar por qué ciertos rumores, contenidos engañosos o narrativas falsas se vuelven virales.

Si muchas personas comparten algo, tendemos a asumir que es relevante. Si vemos una historia repetida constantemente, podemos percibirla como más importante o más creíble. Y si sentimos que todos están hablando de un tema, aumenta el impulso de participar en la conversación.

La viralidad, sin embargo, no es una prueba de verdad.

En el caso de Tim Payne, la historia era inofensiva e incluso divertida. Pero el fenómeno recuerda que nuestras decisiones en redes sociales suelen estar guiadas por factores emocionales y sociales más que por una evaluación racional de la información.

¿Entonces?

Tim Payne se volvió viral porque internet encontró una historia que encajaba perfectamente con algunos de nuestros impulsos más humanos: apoyar al que parece estar en desventaja, sumarnos a lo que hacen los demás y sentirnos parte de algo más grande que nosotros mismos.

Quizás la pregunta más interesante no es por qué millones de personas siguieron (seguimos) a Tim Payne.

La pregunta es qué nos enseña ese fenómeno sobre la forma en que construimos relevancia, popularidad y atención en la era de las redes sociales.

Lo que ocurrió en las redes sociales

La popularidad de Tim Payne también se reflejó en los datos de la conversación digital. Según Golden Social Suite entre el 28 de mayo y el 2 de junio, alrededor de 1.800 usuarios generaron 2.900 publicaciones sobre el futbolista, las cuales acumularon cerca de 9,9 millones de interacciones. En ese mismo período, el tema alcanzó una audiencia potencial de 210 millones de usuarios. La conversación se concentró principalmente en países latinoamericanos como Argentina, México, Colombia y Ecuador, además de Estados Unidos. En cuanto a la composición de la audiencia identificada, predominó el público masculino (43%), mientras que el femenino representó el 13%. Los datos muestran cómo una historia impulsada por la participación colectiva puede expandirse rápidamente y trascender fronteras en cuestión de días.

Autor(a)

Fundadora de Lupa Media y especialista en fact-checking, con más de 10 años de experiencia en medios. Impulsa un periodismo basado en evidencia, enfocado en combatir la desinformación y fortalecer el debate público en Ecuador. Además de liderar Lupa, explora nuevas formas de innovar en el periodismo y promover la transparencia. Disfruta leer, experimentar con ideas y tocar piezas de Satie en la flauta traversa y el ukelele.