Los páramos no se recuperan solos: cuatro afirmaciones que respaldan o que distorsionan el debate
La ciencia muestra que los páramos son ecosistemas frágiles y de recuperación lenta. Revisamos qué evidencia respalda —o contradice— algunas de las ideas más difundidas sobre su manejo y conservación.

LO QUE DEBES SABER:
- El 18 de julio se conmemora el Día del Sistema Nacional de Áreas Protegidas.
- Este explicativo analiza cuatro afirmaciones que circulan en el debate público —sobre minería, disponibilidad de agua, productividad y recuperación tras incendios— y las contrasta con fuentes científicas e institucionales.
- Los páramos cubren 1,5 millones de hectáreas en 17 provincias ecuatorianas. El 73% está bajo algún mecanismo de conservación, según el Ministerio de Ambiente
El páramo es un ecosistema de alta montaña, situado entre el bosque andino y la línea de nieves perpetuas. En Ecuador se distribuye principalmente entre los 3.300 y los 4.800 metros sobre el nivel del mar; en zonas del sur, desde los 2.800 msnm. Cubre 1.514.267 hectáreas en 17 de las 24 provincias, a lo largo de las cordilleras Oriental y Occidental.
Sus suelos, de estructura abierta y porosa, retienen agua de lluvia, neblina y deshielos y la liberan gradualmente hacia las cuencas hidrográficas. El 73% del ecosistema está bajo algún mecanismo de conservación, según el MAATE.
“La minería en páramos genera riesgos para el agua y los ecosistemas”
Los impactos de la minería a cielo abierto en ecosistemas de páramo incluyen emisión de polvo, ruido, degradación del suelo, alteración de cursos naturales de agua y contaminación hídrica asociada a los campos de lixiviación. A ello se suman la pérdida de biodiversidad y la reducción de la capacidad de captura de carbono, según el libro Páramos del Ecuador: Importancia, Conservación y Gestión Sostenible de la Universidad San Francisco de Quito USFQ. Además, el mismo reporte estima que más del 28% del páramo andino podría verse afectado por actividades mineras.

Nacional Antisana. Fotografía: Esteban Suárez Robalino – Libro Páramos USFQ
El sistema de suelos del páramo —de estructura abierta, porosa y con alta densidad de materia orgánica— es especialmente vulnerable a la intervención. El Ministerio de Ambiente, Agua y Transición Ecológica, MAATE señala que, una vez alterado, no recupera sus propiedades hidrofísicas originales. Esto significa que cualquier actividad que compacte, remueva o contamine estos suelos puede afectar directamente su capacidad para retener y regular el agua.
Investigaciones realizadas en Colombia, Ecuador y Perú advierten que una de las principales preocupaciones asociadas a los proyectos mineros en páramos es la afectación de los sistemas hidrológicos y de los servicios ecosistémicos asociados. A ello se suman impactos sobre la biodiversidad y sobre las actividades económicas de las comunidades altoandinas.
En Ecuador, comunidades vinculadas al área del proyecto minero Río Blanco, en Azuay, reportaron el cierre de varios puntos donde el agua brotaba de forma natural (ojos de agua) y la pérdida de vertientes naturales tras el inicio de las operaciones. La empresa negó afectaciones a las fuentes hídricas.
A escala regional, uno de los casos más documentados es la mina Yanacocha, en Perú, ubicada entre los 3.500 y 4.100 metros sobre el nivel del mar. Diversos estudios reportaron contaminación de fuentes hídricas que abastecen a Cajamarca y comunidades aledañas, con efectos que se extendieron a otros ecosistemas y poblaciones dependientes de esos recursos.
“La eliminación o degradación de los páramos no afecta la disponibilidad de agua”
Los páramos cumplen una función de regulación hídrica. Sus suelos y humedales capturan agua proveniente de lluvias, neblina y deshielos y la liberan gradualmente hacia las cuencas hidrográficas.
Según información de la Empresa Pública Metropolitana de Agua Potable y Saneamiento (EPMAPS), el 85% del agua potable que consume Quito proviene de ecosistemas de páramo.

La degradación del suelo altera directamente esa función reguladora. Los Andosoles, suelos volcánicos característicos de los páramos están formados por estructuras minerales pequeñas que les permiten almacenar grandes cantidades de agua. Sin embargo, cuando estos suelos se secan intensamente por drenaje, incendios o cambios de uso del suelo, su estructura se deteriora y pierde parte de su capacidad para retener agua.
El resultado, el suelo pierde parte de su capacidad de funcionar como una esponja natural.
En el Antisana, estudios de restauración documentaron que el retiro progresivo de actividades ganaderas y el cierre de antiguos canales de drenaje permitieron la recuperación del nivel freático (agua almacenada bajo el suelo) y de la capacidad de retención de agua en humedales de páramo.
“Los páramos son tierras improductivas “
Los páramos no son improductivos porque generan beneficios ecológicos que sostienen actividades humanas y económicas, aunque no siempre se traduzcan en productos comerciales directos.
Entre los beneficios que estos ecosistemas aportan se encuentran la producción y regulación hídrica, el secuestro y almacenamiento de carbono y la conservación de especies de flora y fauna, según el Plan de Acción Nacional para la Conservación, Restauración y Uso Sostenible de los Páramos, elaborado por el MAATE.

Además de participar en la regulación hídrica, los páramos almacenan importantes cantidades de carbono en el suelo. Según el libro Páramos del Ecuador, estos ecosistemas pueden almacenar hasta 200 toneladas de carbono por hectárea en los primeros decímetros del suelo y hasta 1.700 toneladas por hectárea en los primeros dos metros.
Como referencia, los bosques amazónicos almacenan entre 125 y 175 toneladas de carbono por hectárea en el suelo.
La transformación de los páramos implica pérdidas de regulación hídrica, biodiversidad y carbono almacenado. Estudios realizados en páramos del sur del Ecuador documentaron reducciones significativas del carbono del suelo cuando los ecosistemas naturales fueron reemplazados por usos agrícolas o ganaderos.
“Los páramos se recuperan solos después de un incendio”
Aunque algunas especies pueden volver a crecer pocos meses después de un incendio, eso no significa que el ecosistema haya recuperado sus funciones originales.
El Plan de Acción Nacional para la Conservación, Restauración y Uso Sostenible de los Páramos señala que la restauración de los páramos puede tomar desde cientos hasta miles de años, dependiendo de la intensidad de la perturbación y de las condiciones ambientales posteriores al incendio.
La regeneración inicial suele comenzar con gramíneas y plantas rastreras durante el primer año. Posteriormente aparecen arbustos de menor tamaño y otras especies características. Sin embargo, la recuperación de funciones como la regulación hídrica, el almacenamiento de carbono y la conservación de biodiversidad ocurre en plazos considerablemente más largos.
Además, los incendios recurrentes favorecen la expansión de especies invasoras y dificultan el restablecimiento de la vegetación nativa. Según datos del MAATE, en 2023 Ecuador registró 341 incendios forestales que afectaron 3.444 hectáreas en 64 cantones.
Los páramos ecuatorianos
Napo es la provincia con mayor contribución de páramo por superficie en el país con el 16,42%, seguida de Azuay (14,05%), Chimborazo (12,91%) y Pichincha (9,65%). Cuatro de las siete reservas de biosfera reconocidas por la UNESCO en Ecuador contienen páramos: Macizo del Cajas, Sumaco, Podocarpus-El Cóndor y Chocó Andino de Pichincha.
Ecuador es el país con la mayor superficie de territorio cubierta por páramos, según el MAATE. Exclusivos de América Latina, se encuentran también en Colombia, Perú y Venezuela, y se los considera uno de los puntos críticos para la biodiversidad más importantes del mundo: son hogar de 70 especies de mamíferos, como el oso andino, el ocelote y el tapir de montaña; más de 150 especies de aves y 90 especies de anfibios; y aproximadamente 1.735 especies de plantas vasculares, de las cuales 690 son endémicas, según el Plan de Acción Nacional de Páramos.
Sus suelos, de estructura abierta y porosa, posibilitan una alta retención de agua y conductividad hidráulica. Están afectados por el cambio de uso del suelo, la introducción de plantas exóticas, los incendios, el cambio climático y, en algunos sectores, por la actividad minera, de acuerdo con el Plan de Acción Nacional de Páramos.
