Irán en el Mundial 2026: entre el fútbol y la geopolítica
En su séptima Copa del Mundo, Irán jugará sus tres partidos en suelo estadounidense pero no podrá quedarse en el país. Washington aprobó visas que obligan a los jugadores a entrar y salir el mismo día de cada partido.
Lo que debes saber:
- Irán jugará ante Nueva Zelanda (15 de junio), Bélgica (21 de junio) y Egipto (26 de junio), todos en suelo estadounidense, pero con visas que obligan a sus jugadores a entrar y salir del país el mismo día de cada partido.
- El equipo instaló su base en Tijuana, México, desde donde viajará en vuelos de 55 minutos a Los Ángeles y Seattle para cada encuentro.
- Es la séptima participación de Irán en una Copa del Mundo y la primera en medio de un conflicto armado activo con uno de los países anfitriones.
Una clasificación con sombra de conflicto
Irán llegó al Mundial 2026 como el segundo equipo clasificado de Asia, tras quedar primero en su grupo de eliminatorias. Sin embargo, su participación en el torneo —que se celebra en Estados Unidos, Canadá y México— estuvo rodeada de incertidumbre desde el principio. La razón: Estados Unidos e Irán están técnicamente en guerra.

El 28 de febrero de 2026, Estados Unidos se unió a Israel en ataques a gran escala contra territorio iraní. Irán respondió con bombardeos contra Israel y aliados estadounidenses en el Golfo. Desde entonces, un frágil alto el fuego ha contenido los combates, pero la tensión no ha desaparecido.
Por qué Irán no puede quedarse en Estados Unidos
A pesar de que los tres partidos del Grupo G de Irán se juegan en suelo estadounidense —dos en Los Ángeles y uno en Seattle—, Washington dejó claro que no estaba dispuesto a alojar al equipo durante el torneo.

Entre las condiciones impuestas por los anfitriones: las visas aprobadas para los jugadores exigen que entren y salgan de territorio estadounidense el mismo día de cada partido. Ni siquiera el presidente de la Federación Iraní de Fútbol, Mehdi Taj, recibió visa; su solicitud fue denegada.
El Departamento de Estado precisó que emitió los documentos necesarios para competir, pero advirtió que no permitiría que el equipo “abusara del sistema para introducir terroristas en EE.UU. con falsas pretensiones”. El Secretario de Estado Marco Rubio añadió que personas con vínculos con el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI) podrían enfrentar restricciones adicionales.
El propio presidente Trump había declarado en marzo que Irán era “bienvenido” al torneo, pero que no consideraba apropiado que el equipo permaneciera en el país “por su propia vida y seguridad”.
La solución: Tijuana como base de operaciones
Ante este escenario, la FIFA aprobó el traslado de la sede del equipo de Tucson, Arizona —donde estaba previsto originalmente— a Tijuana, México.
La presidenta mexicana Claudia Sheinbaum recibió la solicitud de la FIFA tras el rechazo estadounidense y respondió sin ambigüedades: “No tenemos ningún motivo para negarles la posibilidad de quedarse en México”. El equipo llegó a Tijuana el 7 de junio.
La solución logística es tan ajustada como curiosa: desde Tijuana, Irán viajará en vuelos de 55 minutos hacia Los Ángeles para sus dos primeros partidos, y luego se desplazará a Seattle para el tercero. Entra al país, juega y sale el mismo día.
A su llegada a México, los jugadores fueron captados descendiendo del avión con insignias en sus trajes con el “#168”, en homenaje a los 168 niñas asesinados en la escuela Shajareh Tayyebeh en Minab, al sur de Irán, durante una escalada militar entre Irán, Estados Unidos e Israel el 28 de febrero de 2026.

Una historia de tensión que excede al fútbol
La hostilidad entre ambos países no es nueva. Desde la toma de la embajada estadounidense en Teherán y la crisis de los rehenes en 1979, los dos países no mantienen relaciones diplomáticas formales. Durante más de cuatro décadas, el fútbol ha ofrecido algunas de las pocas oportunidades de contacto directo.
El momento más recordado fue en el Mundial de Francia 1998, cuando Irán venció a EE.UU. por 2-1 en un partido apodado la “madre de todos los partidos”. Antes del pitazo inicial, los jugadores iraníes entregaron rosas blancas a sus rivales como gesto de paz. En 2022, en Qatar, EE.UU. se impuso 1-0 y avanzó a la siguiente ronda.

El fútbol como frontera política
La FIFA controla la logística del torneo, los protocolos y el trato a las delegaciones. Pero los visados, el control de fronteras y la seguridad dependen del país anfitrión.
En el caso de Irán, esa frontera entre deporte y política es especialmente porosa. Según reportes, funcionarios iraníes han pedido a los periodistas que se limiten a “cuestiones técnicas de fútbol”. Pero preguntas sobre la selección del equipo, el apoyo popular a la selección o el ambiente en los estadios tienen, simultáneamente, dimensiones deportivas y políticas.
El Mundial 2026 prometía ser una fiesta del fútbol. Para Irán, también es un ejercicio de diplomacia en tiempo de guerra.
