¿Qué es una tormenta solar y cómo puede afectar a Ecuador?

El 20 de abril de 2026, el presidente Daniel Noboa anunció un alivio en la planilla eléctrica para familias afectadas por fallas en el servicio, que fueron atribuidas a una “tormenta solar”. Pero en un país como Ecuador, ¿puede realmente el Sol provocar cortes de luz? ¿Y bajo qué condiciones eso sería posible?

El Sol, una estrella en constante actividad

El Sol no es una estrella pasiva. Su superficie está marcada por zonas de intensa actividad magnética, desde donde se originan fenómenos capaces de afectar el entorno espacial de la Tierra.

Entre ellos están las llamaradas solares, que liberan radiación, y las eyecciones de masa coronal (CME): enormes nubes de partículas cargadas que viajan a gran velocidad por el espacio.

Eyección de masa coronal, Observatorio de Dinámica Solar de la NASA

Cuando una de estas eyecciones está dirigida hacia la Tierra e interactúa con su campo magnético, puede generar una tormenta geomagnética, es decir, una perturbación en el entorno magnético del planeta.

La NOAA, la agencia estadounidense que monitorea el clima espacial, clasifica estas tormentas en cinco niveles: de G1 (menor) a G5 (extrema), y emite tres tipos de avisos: alertas cuando el fenómeno ya ocurre, advertencias cuando es inminente, y vigilancias cuando se espera en los próximos tres días.

Las condiciones para que fallen los sistemas eléctricos

No toda tormenta solar apaga la luz. Para que una CME cause daños reales en infraestructura, deben coincidir varias condiciones:

  • que la eyección esté dirigida directamente hacia la Tierra
  • que tenga suficiente intensidad
  • y que la interacción con el campo magnético terrestre sea sostenida

Cuando eso ocurre, pueden inducirse corrientes eléctricas en la superficie terrestre capaces de afectar redes eléctricas, satélites y sistemas de comunicación.

Cuando sí ha ocurrido: de Canadá a Carrington

Hay antecedentes claros de impactos reales.

El 13 de marzo de 1989, una tormenta geomagnética colapsó en minutos la red eléctrica de Quebec, en Canadá, dejando sin electricidad a millones de personas durante nueve horas.

El caso más extremo es el Evento Carrington de 1859, considerado el más intenso registrado. En ese entonces, sistemas de telégrafo fallaron en varios países, se produjeron descargas eléctricas y auroras fueron visibles en latitudes inusuales.

Según estimaciones científicas, la probabilidad de que un evento de esa magnitud se repita en las próximas décadas es de 0,46% y el 1,88%. Es decir, la probabilidad es baja, pero no despreciable.

Lo más reciente: mayo de 2024 y un 2026 activo

El evento más significativo de la última década ocurrió en mayo de 2024, cuando múltiples CME llegaron agrupadas a la Tierra y generaron una tormenta G5, la primera en ese nivel desde 2003. “En gran medida, todas las CME llegaron a la vez, y las condiciones fueron las adecuadas para crear una tormenta verdaderamente histórica”, dijo Elizabeth MacDonald, científica espacial del Centro de Vuelo Espacial Goddard de la NASA. Las auroras fueron visibles en el sur de Estados Unidos y el norte de India. Varios satélites de la NASA entraron en modo de emergencia.

El Observatorio de Dinámica Solar (SDO) de la NASA captó esta imagen de una erupción solar de categoría X5.8 cuando esta alcanzó su punto máximo a las 9:23 p.m. hora del este el 10 de mayo de 2024. La imagen muestra un subconjunto de luz en el extremo ultravioleta que resalta el material extremadamente caliente de las erupciones. Tomado de la NASA

En 2026, la actividad ha sido frecuente, con eventos moderados (G1–G2) y algunos más intensos (G3–G4) registrados en los primeros meses del año, según monitoreos de la NOAA.

  • Enero: se registraron tormentas geomagnéticas severas (G4), tras eventos solares intensos
  • Febrero–marzo: nuevos episodios, incluyendo tormentas fuertes (G3) asociadas a múltiples eyecciones solares
  • Abril: la actividad ha continuado, pero en niveles más moderados (G1–G2)
  • Fin de abril: se prevén nuevos eventos leves, según proyecciones de la NOAA

Este comportamiento forma parte del ciclo natural del Sol, que alterna periodos de mayor y menor actividad.

¿Puede afectar a Ecuador?

La respuesta es matizada: es menos probable, pero no imposible.

Ecuador está cerca de la línea ecuatorial, lo que reduce su exposición a tormentas geomagnéticas intensas. Estos fenómenos suelen impactar con mayor fuerza en latitudes altas, donde el campo magnético terrestre es más vulnerable, explicó la NOAA a Lupa Media. Sin embargo, la agencia advirtió que “no se conocen todas las vulnerabilidades de la red eléctrica ecuatoriana y otros sistemas relacionados”, lo que impide descartar riesgos con certeza.

Lo que sí puede ocurrir en el país son afectaciones a las comunicaciones de radio HF (alta frecuencia) durante llamaradas solares intensas, e impactos indirectos en satélites, navegación y telecomunicaciones.

Las altas temperaturas y los niveles extremos de radiación UV que Ecuador registró en abril de 2026 —con una alerta del Inamhi extendida en provincias costeras como Manabí, El Oro, Los Ríos y Guayas— no tienen relación con las tormentas solares. Según el director de Pronósticos y Alertas del Inamhi, Vladimir Arreaga, este comportamiento “se enmarca en una tendencia global asociada al cambio climático”, impulsada por la combinación de alta radiación solar, escasa nubosidad e ingreso de aire seco desde el Pacífico. Son fenómenos distintos que con frecuencia se confunden.

Por qué el monitoreo importa

Hoy, agencias como la NOAA y la NASA monitorean constantemente la actividad solar. Satélites especializados como el Solar Orbiter y el Parker Solar Probe permiten anticipar estos eventos con horas o días de margen. Esa información es clave para que operadores de redes eléctricas y sistemas satelitales activen protocolos de prevención.

En un mundo cada vez más dependiente de la electricidad y la conectividad, entender estos fenómenos no es solo un tema científico: también es una cuestión de infraestructura y gestión de riesgos.

Entonces, ¿nos puede “apagar” el Sol?

Las tormentas solares existen y pueden afectar la Tierra.

Pero no cualquier evento solar provoca apagones.
Y no cualquier apagón tiene origen en el Sol.

Atribuir fallas eléctricas a una “tormenta solar” sin más contexto puede simplificar en exceso un fenómeno complejo.

Conversación digital

El tema alcanzó una audiencia superior 546.5 mil usuarios y generó alrededor de 1.6 mil interacciones, lo que refleja un elevado nivel de interés en la agenda pública digital. En cuanto al tono de la conversación, el 97.83% de las publicaciones registró un sentimiento neutro, según datos de Golden Social Suite.

Resultados escucha social del 20 al 21 de abril con la herramientas Social Alert.

Fuente:

Consulta vía e-mail a la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica, NOAA.

Golden Social Suite – Análisis del 20 al 21 de abril del 2026

Citadas en el texto.

Autor(a)

Investiga, contrasta datos y construye contenido basado en evidencia para aportar claridad al debate público. Cuenta con experiencia de más de siete años en periodismo en medios como El Comercio y Mach Deportes. Fuera del trabajo, le interesan las culturas asiáticas y el fútbol femenino.