Dietas virales: lo que debes saber antes de probarlas
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«Té y jugos détox para bajar de peso y desinflamar el cuerpo»
La evidencia científica no respalda estas afirmaciones. Especialistas en nutrición de la Universidad de Rochester explican que el organismo ya cuenta con sistemas naturales de eliminación de desechos —principalmente el hígado y los riñones— que no requieren el consumo de productos détox para funcionar correctamente.
Además, las limpiezas a base de jugos suelen ser muy bajas en calorías y carecen de nutrientes esenciales como fibra, proteínas y grasas saludables. Esto puede provocar malestar físico y alteraciones en el azúcar en sangre. La pérdida de peso que a veces se observa es temporal y se debe principalmente a la pérdida de agua y reservas de energía, no a una reducción real de grasa corporal, por lo que no es un método eficaz ni sostenible.

«Los productos de grano como el pan, la pasta y el arroz hacen engordar. Evítalos para perder peso»
Esta afirmación simplifica en exceso cómo funciona el aumento o la pérdida de peso. La evidencia indica que ningún alimento engorda por sí solo: el factor determinante es el exceso calórico total, no la eliminación de un grupo alimenticio específico.
Además, no todos los granos son iguales. Los granos enteros —como el arroz integral, la avena o la quinua— conservan el salvado y el germen, aportando más fibra, vitaminas y minerales. Esta fibra favorece la saciedad, estabiliza el azúcar en sangre y puede ayudar a controlar el apetito, lo que facilita una pérdida de peso sostenible. En cambio, los granos refinados, como el pan blanco o el arroz blanco, pierden gran parte de su fibra durante el procesamiento y, si se consumen en exceso, pueden contribuir al aumento de peso. Por ello, las guías alimentarias recomiendan que al menos la mitad de los granos consumidos sean integrales, en lugar de eliminarlos por completo.

«Comer carnes rojas es dañino para la salud y dificulta la pérdida de peso»
Esta afirmación no refleja el contexto completo de la evidencia científica. Consumidas en cantidades moderadas y en versiones magras (poca grasa), las carnes rojas pueden formar parte de una alimentación saludable e incluso de un plan para perder peso, ya que aportan proteínas de alta calidad que aumentan la saciedad y ayudan al control del apetito, además de nutrientes esenciales como hierro, zinc y vitamina B12.
No obstante, un consumo elevado —especialmente de carnes procesadas y cortes con alto contenido de grasa saturada— sí se asocia con mayores riesgos para la salud, como enfermedades cardiovasculares y ciertos tipos de cáncer. Organismos internacionales y guías alimentarias recomiendan limitar la carne roja, elegir cortes magros, controlar las porciones y alternarla con otras fuentes de proteína, como pescado, aves y proteínas vegetales. Por ello, el problema no es consumir carne roja en sí, sino la cantidad, la frecuencia y el tipo, lo que vuelve al claim impreciso.

«Cuando algo dice ‘bajo en grasa’ o ‘sin grasa’, significa que no tiene calorías y puedo comer la cantidad que quiero»
Esto no es correcto. Si bien una porción de estos alimentos suele contener menos grasa que su versión regular, eso no significa que sea libre de calorías. Las calorías también provienen de otros nutrientes como los carbohidratos y las proteínas.
Además, muchos alimentos procesados bajos o sin grasa compensan la eliminación de la grasa con azúcares, almidones, harina o sal para mantener el sabor y la textura, lo que puede igualar o incluso aumentar su contenido calórico. Las etiquetas “bajo en grasa” (menos de 3 g de grasa por porción) y “sin grasa” (menos de 0,5 g por porción) no eliminan el aporte energético total. Por lo tanto, consumir estos productos en exceso también puede contribuir al aumento de peso.

«Si omito una comida, puedo bajar de peso»
Esta práctica no garantiza resultados sostenibles y, en muchos casos, resulta contraproducente. Saltarse una comida suele aumentar el hambre, lo que lleva a comer en exceso en la siguiente ingesta. De hecho, distintos estudios han encontrado una asociación entre no desayunar y un mayor peso corporal: las personas que omiten el desayuno tienden a pesar más que aquellas que consumen uno equilibrado.
Además, aunque omitir una comida puede generar un déficit calórico temporal y una baja inicial de peso, esta estrategia puede ralentizar el metabolismo, favorecer la pérdida de masa muscular y alterar las hormonas que regulan el apetito, como la grelina. Esto incrementa el riesgo de atracones y dificulta el control del peso a largo plazo. Por ello, las recomendaciones nutricionales apuntan a comer de forma regular, con varias comidas al día y porciones adecuadas, ya que alimentarse en tiempo y forma contribuye a mantener el metabolismo activo y a un mejor control del peso.
Recomendaciones:
- Consulta con un especialista antes de iniciar cualquier dieta o plan de nutrición: Un médico o nutricionista puede evaluar tu salud, necesidades calóricas y condiciones particulares para diseñar un plan seguro y efectivo.
- No confíes en dietas milagrosas virales: Los tés y jugos detox, así como otras dietas de moda, no garantizan pérdida de grasa real y pueden generar deficiencias nutricionales o alteraciones en el metabolismo.
- Mantén un equilibrio de alimentos y porciones: Ningún alimento engorda por sí solo. Incluye granos enteros, proteínas magras (como carnes rojas magras, pollo, pescado) y verduras en proporciones adecuadas para favorecer la saciedad y la salud.
- Lee siempre las etiquetas y controla las porciones: Productos “bajos en grasa” o “sin grasa” pueden contener azúcares y calorías ocultas; comerlos en exceso puede contribuir al aumento de peso.
- Evita saltarte comidas:Omitir alimentos no es una estrategia efectiva para perder peso y puede provocar hambre excesiva, atracones y disminución del metabolismo. Distribuye la ingesta en varias comidas equilibradas a lo largo del día.
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Fuentes:
Citadas en el texto