Skip to main content

Etiqueta: crimen

El crimen no reconoce fronteras: cómo opera entre Ecuador y Colombia

Artículo actualizado a las 20:40 del 18/03/2026 incluyendo la investigación sobre crimen organizado realizada por Renato Rivera y Carlos Bravo

El crimen organizado en la frontera entre Ecuador y Colombia no puede entenderse como un problema aislado de cada país.

Se trata de un sistema transfronterizo: una estructura en la que distintas actividades ilegales operan de forma interconectada y coordinada en más de un territorio.

La cercanía con Colombia —uno de los mayores productores de cocaína del mundo— intensifica esta dinámica e integra a Ecuador dentro de la cadena regional del narcotráfico.

Aunque Ecuador no ha sido históricamente un gran productor de cocaína, una investigación de crimen organizado, elaborado por los expertos en seguridad, Renato Rivera y Carlos Bravo, reveló un dato significativo: entre 2015 y 2019 se detectaron 700 hectáreas de cultivos ilícitos de hoja de coca en las provincias de Esmeraldas, Carchi y Sucumbíos, fronterizas con Colombia.

En contraste, el último reporte de la Oficina de la ONU contra la Droga y el Delito (UNODC) señaló que para 2023 Colombia registró 253.000 hectáreas de cultivos de coca, con una concentración elevada en el departamento de Putumayo.

Este contraste ayuda a explicar el rol actual de Ecuador: más que producir, funciona como un territorio clave para el almacenamiento, procesamiento y salida de droga hacia mercados internacionales.

Cómo operan estas redes

Según la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito, las redes de narcotráfico en América Latina trabajan como cadenas transnacionales que distribuyen sus actividades entre producción, transporte y comercialización en distintos países. Es decir, distribuyen sus operaciones a lo largo de la región para reducir riesgos, evadir controles y maximizar ganancias.

En términos generales, el sistema funciona así:

  • la producción se concentra en zonas específicas
  • el transporte cruza fronteras por rutas estratégicas
  • la distribución conecta con mercados internacionales

En este esquema, Ecuador cumple un rol clave como punto de tránsito y salida hacia otros destinos. En el Informe de Caracterización del Crimen Organizado en Ecuador 2025, publicado por el Observatorio Ecuatoriano de Crimen Organizado (OECO) señala que alrededor del 85% de la droga destinada a mercados internacionales se moviliza a través de la cuenca del río Guayas, uno de los principales nodos del comercio exterior ecuatoriano.

Pero el narcotráfico es solo una parte del sistema.

La experta en seguridad Michelle Maffei explicó a Lupa Media que en la frontera convergen múltiples economías ilegales que se sostienen entre sí. “No es solo narcotráfico. Hay tráfico de personas, contrabando de productos y medicinas falsificadas”, señaló.

Entre las principales actividades que se articulan en estas redes están:

  • tráfico de armas
  • contrabando de combustibles
  • minería ilegal
  • lavado de activos
  • tráfico de migrantes y trata de personas

Estas economías comparten rutas, estructuras logísticas y mecanismos de financiamiento. Esa interconexión fortalece la capacidad de las organizaciones criminales para adaptarse y sostener sus operaciones en el tiempo.

Lo que muestran los operativos

Días antes del incremento de las tensiones diplomáticas entre Ecuador y Colombia, autoridades colombianas incautaron 1,3 toneladas de cocaína en un laboratorio ilegal en Nariño, cerca de Ecuador. El complejo tenía capacidad para producir hasta tres toneladas mensuales.

Al mismo tiempo, en altamar, fuerzas ecuatorianas y estadounidenses decomisaron cerca de dos toneladas de droga destinadas a mercados internacionales.

En 2025, Ecuador incautó 214 toneladas de droga, una reducción del 27% frente al récord de 294,6 toneladas en 2024. Estos datos muestran la escala del fenómeno y cómo las operaciones criminales atraviesan distintos territorios en una misma cadena.

La violencia está directamente vinculada a estas economías. En Ecuador, el 32,7% de los homicidios intencionales está relacionado con el tráfico de drogas, lo que evidencia el peso de estas actividades en la dinámica criminal del país.

Además, entre 2020 y 2025, el uso de armas de fuego en homicidios se incrementó en 30 puntos porcentuales, reflejando una mayor capacidad operativa de las organizaciones criminales.

El crimen transfronterizo genera efectos que van más allá de la seguridad.

Un sistema con impactos en el territorio

La frontera entre Ecuador y Colombia se extiende por más de 580 kilómetros y atraviesa zonas selváticas, fluviales y de difícil acceso. En provincias como Esmeraldas, Carchi y Sucumbíos —que colindan con Nariño y Putumayo— el control estatal es limitado.

En estos territorios, las redes criminales:

  • ejercen control territorial
  • generan desplazamiento forzado y confinamiento
  • imponen economías ilegales
  • afectan a comunidades locales

El OECO advirtió en su informe de 2025 que por estos corredores se movilizan precursores químicos desde Ecuador hacia laboratorios en zonas fronterizas.

Además, factores estructurales como la pobreza, las economías informales y la baja presencia institucional facilitan la expansión de estas actividades.

En muchos casos, la violencia no es constante ni visible. La aparente calma puede responder al control de un grupo criminal, no a la ausencia de actividad ilegal.

En algunos territorios, esta dinámica se expresa en actividades como la minería ilegal. En provincias como Carchi, esta modalidad genera alrededor de USD 1.300 millones anuales, según estimaciones del Ministerio de Defensa.

Un sistema en constante cambio

En la frontera operan disidencias de las FARC, organizaciones criminales ecuatorianas y redes transnacionales.

El investigador Renato Rivera identifica un punto de quiebre clave: el acuerdo de paz de 2016 en Colombia. “La salida de las FARC desreguló el mercado de la coca en la frontera. Eso no solo incrementó los cultivos, sino también los actores que intervienen en esta economía”, explica.

Acuerdo de Paz 2016 – El expresidente de Colombia, Juan Manuel Santos y el comandante guerrillero Rodrigo Londoño – Foto de Fernando Vergara (Associated Press)

Desde entonces, el narcotráfico se ha fragmentado. Han surgido nuevos grupos, las alianzas cambian con frecuencia y las disputas se intensifican según la presión estatal.

No se trata de estructuras estáticas, sino de un sistema en permanente reconfiguración.

Más allá de las tensiones entre gobiernos

El 17 de marzo de 2026, el presidente colombiano Gustavo Petro denunció posibles bombardeos desde territorio ecuatoriano en zonas cercanas al límite binacional. El gobierno de Daniel Noboa rechazó esa versión y defendió sus operaciones militares dentro del país.

Captura de pantalla – X Gustavo Petro
Captura de pantalla – X Daniel Noboa

Este cruce de declaraciones se suma a otras tensiones recientes, como disputas comerciales y diferencias en la estrategia de seguridad. Sin embargo, estos episodios no explican por sí solos lo que ocurre en la frontera.

Reducir el problema a tensiones diplomáticas o a responsabilidades de un solo país simplifica una realidad mucho más compleja.

Un problema compartido

Diversos estudios coinciden en que los operativos militares, por sí solos, no logran reducir de forma sostenida la criminalidad en la frontera.

“Se destruyen campamentos o se detiene a actores menores, pero no se investigan las estructuras financieras que sostienen estas economías”, señala Maffei.

Esto permite que las actividades ilegales se reactiven rápidamente, ya que las estrategias centradas únicamente en el control territorial no abordan las redes financieras, el lavado de activos ni las cadenas de mando.

Además, en zonas con pocas oportunidades económicas, muchas comunidades terminan siendo captadas por estas economías ilegales.

En este contexto, el crimen en la frontera entre Ecuador y Colombia no responde a límites políticos. Opera como un sistema regional, dinámico y adaptable. Entenderlo así no solo cambia el diagnóstico. También permite dimensionar por qué las respuestas aisladas o centradas en un solo país resultan insuficientes.


Lo que sabemos sobre el Cartel de los Soles y su vínculo con el poder en Venezuela

El panorama:

  • Estados Unidos acusa a Nicolás Maduro y a altos funcionarios de liderar un sistema de “narcoterrorismo de Estado”.
  • Venezuela lo niega y afirma que se trata de una narrativa política para justificar sanciones.
  • Ecuador, Argentina y Paraguay lo reconocen oficialmente como grupo terrorista.
  • Colombia y voces académicas cuestionan su existencia como organización criminal estructurada.

El dato clave: En julio de 2025, Washington elevó a 50 millones de dólares la recompensa por Maduro, intensificando las sanciones y el despliegue militar en el Caribe.

Cómo llegamos aquí

El término Cártel de los Soles se utilizó por primera vez en 1993, cuando dos generales de la Guardia Nacional Venezolana —Ramón Guillén Dávila y Orlando Hernández Villegas— fueron investigados por narcotráfico. Cada uno portaba un sol en sus charreteras, de ahí el nombre inicial de Cartel del Sol. Más adelante, al aparecer denuncias contra comandantes de división —que portaban dos soles—, se popularizó la denominación en plural.

De acuerdo con investigaciones como las de InSight Crime, una organización de investigación independiente, el Cártel de los Soles no es una organización jerárquica como los carteles de México o Colombia, sino una red suelta de células dentro de distintas ramas de las Fuerzas Armadas —ejército, marina, fuerza aérea y Guardia Nacional— que participan en actividades ilegales: contrabando de gasolina, minería ilegal, extorsión y, sobre todo, narcotráfico.

En los primeros años, los militares eran acusados de extorsionar a narcotraficantes para permitir el paso de cargamentos. Pero a mediados de los 2000, algunas unidades comenzaron a asumir un papel más activo: compraban, almacenaban y transportaban cocaína directamente. Una de las hipótesis es que, al recibir pagos en especie por parte de grupos colombianos, los militares se vieron obligados a manejar sus propios mercados.

El contexto regional también fue determinante. Con el Plan Colombia, la presión militar contra las FARC y el ELN empujó a varios frentes guerrilleros a operar desde los estados fronterizos venezolanos, donde había menor vigilancia. Según la Agencia de Administración de Control de Droga de Estados Unidos (DEA), desde 1999 altos funcionarios —entre ellos Nicolás Maduro y Diosdado Cabello— habrían facilitado este tránsito y utilizado instituciones del Estado para cooperar con la guerrilla en el tráfico de cocaína.

Las zonas de Apure y Zulia se convirtieron en enclaves estratégicos, con pistas clandestinas y pasos fronterizos controlados por unidades militares. Allí se documentaron operaciones vinculadas tanto al narcotráfico como al contrabando y la minería ilegal.

Escándalos posteriores reforzaron las sospechas: el asesinato en 2004 del periodista Mauro Marcano, tras denunciar nexos de oficiales con narcotraficantes; la “narcoavioneta” de 2011, que despegó de una base militar en Caracas con más de una tonelada de cocaína; o el caso de 2013, cuando un vuelo de Air France aterrizó en París con 1,3 toneladas de droga en maletas cargadas bajo control de la Guardia Nacional.

Los episodios que alimentan las sospechas

Más allá de las denuncias generales, algunos episodios y nombres se han convertido en hitos dentro de esta discusión:

  • 1993: los generales Guillén Dávila y Hernández Villegas son señalados por narcotráfico.
  • 2008: la OFAC sanciona al exjefe de inteligencia Hugo Carvajal por colaborar con las FARC.
  • 2011: la llamada “narcoavioneta” parte de la base militar La Carlota con más de una tonelada de cocaína.
  • 2013: autoridades francesas incautan 1,3 toneladas de cocaína en un vuelo Caracas–París.
  • Altos funcionarios señalados: Néstor Reverol (exzar antidrogas), Vladimir Padrino López (ministro de Defensa) y Maikel Moreno (expresidente de la Corte Suprema) han sido acusados de facilitar o encubrir operaciones de narcotráfico.

Lo que dice Estados Unidos

Washington ha sido el actor más insistente en atribuir a las élites políticas y militares venezolanas un rol protagónico en el narcotráfico. En marzo de 2020, el Departamento de Justicia acusó a Nicolás Maduro y a 14 funcionarios de narcoterrorismo, asegurando que habían usado al Estado para facilitar el envío de cocaína hacia Estados Unidos.

En julio de 2025, el Departamento del Tesoro designó al Cártel de los Soles como grupo terrorista global, acusándolo de brindar apoyo a organizaciones criminales como el Tren de Aragua y el Cártel de Sinaloa. Ese mismo mes, el Departamento de Estado elevó a 50 millones de dólares la recompensa por Maduro. El secretario del Tesoro, Scott Bessent, calificó el caso como un ejemplo de “narcoterrorismo de Estado”.

Lo que dicen los críticos

No todos comparten esa interpretación. InSight Crime sostiene que el Cártel de los Soles debe entenderse como una red de células dentro de las Fuerzas Armadas, sin estructura jerárquica central ni mando único. Para sus analistas, la expresión describe un entramado de corrupción más que una organización criminal cohesionada. Phil Gunson, analista de International Crisis Group —una organización internacional dedicada a investigar y prevenir conflictos—, declaró a la AFP: “No existe tal cosa, así que difícilmente Maduro puede ser su jefe. No cabe duda de que haya complicidad entre individuos vinculados al poder y el crimen organizado, pero evidencias directas incontrovertibles no han sido presentadas nunca”.

Pedro Granja, excandidato presidencial, escribió un artículo el 5 de septiembre de 2025, concluyendo que este cártel no fue un «cartel estructurado», sino una red de oficiales corruptos que actuaban de forma independiente desde los años noventa (como menciona también InSight Crime). Y que más que un narcoestado centralizado, representó corrupción dentro de las Fuerzas Armadas, y la idea de un cartel unificado responde sobre todo a intereses políticos y mediáticos.

Fernando Casado, académico y asesor de la excandidata presidencial Luisa González, va más allá y afirma que el cartel es una “construcción mediática” utilizada para debilitar políticamente al chavismo. La ausencia de fallos judiciales que confirmen su existencia como estructura organizada refuerza esta visión.

El propio régimen venezolano rechaza la acusación y la define como parte de una estrategia de lawfare. Maduro asegura que las sanciones derivadas son un “crimen de lesa humanidad” contra el pueblo venezolano.

La reacción regional

La decisión de Estados Unidos en julio de 2025 provocó una reacción en cadena en América Latina. Ecuador, con Daniel Noboa, lo declaró organización terrorista y ordenó reforzar la cooperación internacional. Argentina, bajo Javier Milei, adoptó una medida similar, al igual que Paraguay, que lo designó oficialmente como organización terrorista en agosto de ese año.

En contraste, Colombia, por medio del presidente Gustavo Petro, negó la existencia del cartel y argumentó que el narcotráfico responde más bien a una “junta binacional” de élites colombianas y venezolanas. Caracas, por su parte, denunció que la narrativa responde a un alineamiento regional con Washington.

Una disputa que divide

El Cartel de los Soles es, para unos, la prueba de que el Estado venezolano se convirtió en un actor del narcotráfico internacional. Para otros, no pasa de ser un instrumento político, un relato sin pruebas sólidas usado para golpear a un gobierno adversario.

Lo cierto es que, dos décadas después de las primeras acusaciones, el debate sigue creciendo. Ahora, con la categoría de “terrorismo internacional”, el Cártel de los Soles se coloca en el centro de una pugna donde convergen seguridad, diplomacia y política regional.

No hay evidencia que la economía criminal mueve USD 30.000 millones anualmente en Ecuador

¿Qué verificamos?

Una afirmación en la que la asambleísta por ADN, Valentina Centeno, señaló que las economías criminales mueven alrededor de USD 30.000 millones anualmente en Ecuador y que utilizan a organizaciones sociales sin fines de lucro para estos fines.

¿Por qué es completamente falso?

No existe evidencia oficial, académica o documental que respalde la cifra de USD 30.000 millones anuales en economía criminal en Ecuador. Estudios especializados estiman montos significativamente menores, y no hay pruebas que vinculen sistemáticamente a las organizaciones sin fines de lucro con actividades criminales.

¿Qué dice la evidencia?

  • Sin evidencia oficial: No hay evidencia que demuestre de manera oficial o documental que la economía criminal mueve alrededor de USD 30.000 millones anualmente en Ecuador. Esa narrativa sin fundamento ha sido difundida desde el presidente Daniel Noboa hasta asambleístas de ADN.
  • Cifra desproporcionada: El Presupuesto General del Estado para 2025 está alrededor de USD 36.000 millones. Si la afirmación fuera cierta, el crimen organizado estaría moviendo un monto anual equivalente al 83,3% del presupuesto total, una cifra muy alejada de la realidad según expertos.
  • Datos disponibles: En 2014, Fernando Carrión, experto en temas de seguridad, publicó un artículo  en la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (Flacso) bajó el título de “Mercados ilegales: nueva arquitectura institucional y su expresión territorial en Latinoamérica”. Allí señaló que el monto aproximado registrado en Ecuador fue de USD 2.200 millones en mercados ilegales.
  • Incremento supuestamente acelerado: Para que fuera cierta la afirmación de Centeno, se tendría que haber incrementado el mercado ilegal en un 1.264% aproximadamente durante los últimos 10 años.
  • Estimaciones actuales: Aunque no hay estudios recientes sobre cuánto mueve el crimen organizado en Ecuador, Carrión comentó a Primicias que está elaborando un nuevo estudio que, según aproximaciones, estaría alrededor de los USD 4.000 millones.
  • Dinero bancario sin explicación: El Centro Estratégico de Geopolítica (CELAG) estimó con base a datos del Banco Central del Ecuador (BCE), que alrededor de USD 3.500 millones se lavaron durante 2021 en el sistema financiero ecuatoriano.
  • Datos de la UAFE: El director de la Unidad de Análisis Financiero y Económico (UAFE), José Julio Neira, afirmó que en los primeros cinco meses del 2025 reportaron USD 600 millones de operaciones inusuales injustificadas a la Fiscalía General del Estado.
  • Proyecto de ley: La mención de las organizaciones sociales sin fines de lucro, surge a partir del proyecto de ley económico urgente enviado por Noboa a la Asamblea Nacional. El proyecto de Ley Orgánica de Transparencia Social —o también conocido como ley de fundaciones— plantea que varias organizaciones, por su manejo de fondos y vínculos con donantes, pueden ser usadas para fines ilícitos. Por eso plantean una rendición de cuentas de todas las operaciones de esas organizaciones, desde su recaudación hasta la ejecución de de proyectos. 
  • Cifra inexistente: En ninguna parte del informe difundido en primer debate se menciona la cifra de USD 30.000 millones.
  • Búsqueda de información: En febrero de 2025, el embajador de Italia en Ecuador, Giovanni Davoli, afirmó en una entrevista en Teleamazonas que el negocio de la mafia es «enorme» y estimó que es «algo como el equivalente del 30%, más o menos, del Producto Interno Bruto del país». Sin embargo, un mes después en Ecuavisa, el periodista Lenin Artieda, le preguntó acerca de esa cifra que rondaría los USD 36 mil millones. Davoli aseguró que esa cifra no puede ser completamente precisa.
  • Un informe descontextualizado: En el documento se hace mención a un informe del centro de investigación y acción ciudadana, FARO. Allí se especifica que dos de cada 10 organizaciones no cuentan con personalidad jurídica por falta de fondos, no consideran necesario o desconocimiento del proceso legal. Sin embargo, identificaron desafíos como el acceso a recursos financieros de cooperación internacional, el establecimiento de presupuestos anuales, formas de contratación estables, profesionalización de personal y sostenibilidad a largo plazo.
  • Organizaciones en la actualidad: Actualmente hay un total de 75.557 organizaciones sociales, de las cuales hay 64.750 registradas. Centeno señala que pocas serían utilizadas como vehículo para la economía criminal, sin embargo, tampoco detalla cuáles son.
  • Presupuestos reales: En el informe de FARO se estipula que 6 de cada 10 organizaciones no cuentan con un presupuesto anual establecido. Además, solo una de cada 10 posee un presupuesto mayor a los USD 100.000 anuales.
  • Sin pronunciamiento: Lupa Media contactó a la asambleísta para conocer la fuente de su afirmación. Sin embargo, hasta la fecha de esta publicación no hemos recibido respuesta. 

Contexto importante

El cuarto proyecto de ley económico urgente enviado por Noboa fue analizado y aprobado en primer debate en la Asamblea Nacional el pasado 19 de agosto de 2025. Durante la sesión se examinaron distintas posturas, y el proyecto retornó a la Comisión de Desarrollo Económico para revisar observaciones y elaborar el informe para el segundo debate.

Asambleístas del oficialismo indicaron que la iniciativa busca prevenir y detectar el flujo irregular de capitales en el país por medio de organizaciones sociales sin fines de lucro, con el objetivo de combatir el lavado de activos, el narcotráfico y redes de corrupción, entre otros delitos.

Durante el debate, varios legisladores del Partido Social Cristiano (PSC) y de la Revolución Ciudadana (RC) cuestionaron algunos aspectos de la iniciativa ejecutiva. Por un lado, el asambleísta Alfredo Serrano señaló que no existe evidencia de denuncias sobre fundaciones vinculadas al lavado de dinero. También cuestionó la consulta popular planteada sobre los casinos, argumentando que resulta contradictoria con los mecanismos de control de lavado de activos. Por otro lado, el buró de la RC sostuvo que el proyecto incorpora disposiciones tributarias que no tienen relación directa con el objetivo principal de la propuesta.

Conclusión

COMPLETAMENTE FALSO: No existe evidencia oficial ni académica que respalde los USD 30.000 millones que se “mueven” por la economía criminal anualmente en Ecuador . Estudios estiman montos de alrededor de USD 4.000 millones. Además, la cifra alegada equivaldría al 83% del presupuesto nacional, algo desproporcionado. Incluso, tampoco hay pruebas o se ha demostrado que las organizaciones sociales sin fines de lucro estén vinculadas al crimen organizado.