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Etiqueta: cancer

Canchas sintéticas y cáncer: qué dice la ciencia sobre su posible relación

¿Qué dice la ciencia?

Hasta ahora, las investigaciones más amplias y recientes concluyen que no se ha encontrado evidencia convincente de que jugar en canchas con caucho granulado cause cáncer. Estudios revisados por agencias como la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos y el Departamento de Salud del Estado de Washington señalan que, aunque el caucho reciclado contiene compuestos químicos potencialmente cancerígenos, las niveles de exposición son muy bajos durante la práctica deportiva.

Además, señalan que hay que considerar las vías de exposición y las dosis que recibe una persona que frecuenta dichos espacios.

En Europa, la Agencia Europea de Químicos también realizó estudios acerca del riesgo de sustancias de caucho reciclado en los campos deportivos artificiales. Luego de varios análisis determinaron que habían bajos niveles de preocupación. Aunque identificaron que existen sustancias peligrosas en los gránulos de caucho reciclado, estás están por debajo de los límites establecidos para sustancias cancerígenas, mutagénicas y reprotóxicas.

Los análisis del plan federal estadounidense “Investigación federal sobre el uso de neumáticos reciclados en campos de juego y áreas de juegos infantiles” elaborado por la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos, detectaron la presencia de metales, compuestos orgánicos volátiles e hidrocarburos en el caucho granulado, pero determinaron que la cantidad que realmente se libera al aire o entra en contacto con el cuerpo no alcanza niveles preocupantes.

En Colombia, el Instituto Nacional de Salud (INS) indicó que no hay suficiente evidencia científica sobre posibles afectaciones en la salud de usuarios de las canchas sintéticas, específicamente como riesgo de contraer enfermedades como el cáncer.

¿Está confirmado que no hay riesgo?

No del todo. Los organismos de salud reconocen que no pueden descartar completamente el riesgo a futuro. Aunque la mayoría de los estudios disponibles indican que el riesgo es mínimo, faltan investigaciones a largo plazo y con muestras más amplias, especialmente sobre la exposición acumulada en niños o deportistas que entrenan todos los días durante varios años.

Por ahora, la posición general de los expertos es que no hay motivo para dejar de usar las canchas sintéticas, pero sí conviene aplicar medidas básicas de prevención y seguir monitoreando los posibles efectos.

¿Por qué surge esta preocupación?

El rumor sobre una posible relación entre canchas sintéticas y cáncer comenzó a circular hace más de una década. La alarma se originó cuando se difundieron casos aislados de futbolistas jóvenes diagnosticados con leucemia o linfoma, especialmente en Estados Unidos, donde algunos entrenadores empezaron a notar coincidencias entre sus jugadores y el uso frecuente de césped artificial. NBC investigó un caso de una entrenadora que reportó varias incidencias al respecto.

Además, el hecho de que el caucho granulado provenga de neumáticos reciclados, que contienen metales pesados y otras sustancias químicas, contribuyó a aumentar la sospecha. La cobertura mediática y la falta de información clara hicieron el resto: el rumor se extendió y se volvió un tema de preocupación pública, aunque las investigaciones científicas no hayan comprobado esa relación.

Riesgos reales y comprobados

Aunque no se haya demostrado una relación directa con el cáncer, sí existen otros riesgos reales asociados al uso de canchas sintéticas:

  • Temperaturas elevadas: la superficie puede calentarse mucho más que el césped natural, aumentando el riesgo de golpes de calor o quemaduras leves en la piel.
  • Lesiones físicas: algunos estudios señalan una ligera mayor incidencia de lesiones articulares o abrasiones, debido a la menor amortiguación del material.
  • Contacto con partículas de caucho: durante el juego, los deportistas pueden inhalar polvo o tener contacto con pequeñas partículas. Aunque las dosis sean bajas, se recomienda buena higiene después de cada partido.
  • Impacto ambiental: el caucho granulado se considera un microplástico, por lo que existen preocupaciones ecológicas sobre su manejo y reciclaje, aunque esto no afecta directamente la salud humana a corto plazo.

¿Cómo reducir la exposición?

La Agencia Europea de Químicos recomienda que los propietarios de campos existentes midan las concentraciones de sustancias en los gránulos de caucho utilizados en sus campos y suministrar la información para que sea comprensible para todos los usuarios. Así como también una ventilación adecuada y que aquellos jugadores o niños que utilicen las canchas, tomen medidas básicas de higiene luego de jugar en dichas áreas.

Además, los organismos de salud pública recomiendan medidas sencillas para disminuir el contacto con los materiales de las canchas sintéticas:

  • Lavarse bien las manos después de jugar y antes de comer.
  • Cambiarse y sacudirse la ropa o el calzado fuera del hogar para evitar llevar caucho molido a la casa.
  • Ducharse después del entrenamiento y limpiar cualquier raspadura o herida para prevenir infecciones.
  • Evitar llevarse las manos o el balón a la boca durante el juego.
  • Si algún caucho molido ingresa en la boca, proceder a escupirlo y no tragarlo.
  • Mantener la cancha limpia y en buen estado, y preferir instalaciones bien ventiladas.

¿Entonces?

Aunque las canchas sintéticas con caucho granulado contienen sustancias químicas potencialmente dañinas, la evidencia científica actual no demuestra una relación directa entre su uso y el desarrollo de cáncer. Las principales investigaciones y expertos coinciden en que los niveles de exposición son bajos y no representan un riesgo significativo para la salud en condiciones normales de uso. Sin embargo, los expertos subrayan la necesidad de continuar con estudios a largo plazo que evalúen los efectos acumulativos, sobre todo en niños y deportistas frecuentes.

Por ahora, el consenso es claro: no hay motivo para alarmarse ni dejar de usar estas superficies, pero sí es prudente mantener medidas básicas de higiene y control ambiental. La clave está en la prevención informada y en seguir observando la evidencia científica conforme evolucione.

Lo que sabemos de: Las nuevas vacunas contra el cáncer

En los últimos años, la investigación biomédica ha incorporado enfoques terapéuticos al tratamiento del cáncer, complementando las estrategias preventivas. Este explicativo se centra en las nuevas vacunas, pero antes debe saber cómo funcionan las vacunas existentes y en qué se diferencian con las nuevas:

Vacunas existentes

  • Preventivas, como la del VPH, que se aplican a personas sanas para evitar infecciones que pueden causar ciertos tipos de cáncer.
  • Terapéuticas, dirigidas a personas que ya tienen cáncer, ayudan al sistema inmunológico a atacar las células tumorales.

Vacunas nuevas

Son vacunas terapéuticas mejoradas y personalizadas con tecnología de ARN mensajero (ARNm), adaptadas al perfil genético del tumor de cada paciente, lo que permite una respuesta más precisa y potencialmente más eficaz.

¿Se podrán aplicar a todo el mundo?

Por ahora, no. Las nuevas vacunas estarán disponibles únicamente para ciertos pacientes en centros especializados de los países que las desarrollan. Su costo varía según la tecnología, la marca y el lugar de aplicación. Al ser personalizadas —cada dosis se adapta al tumor específico del paciente—, su fabricación y distribución a gran escala resulta compleja. Su expansión internacional dependerá del éxito en ensayos clínicos y de las aprobaciones regulatorias.

Origen y tecnología

Origen

La idea de una vacuna contra el cáncer se remonta a 1893, cuando el médico William Coley observó que algunas infecciones bacterianas podían reducir tumores, lo que sugería que el sistema inmune tenía un papel en su control. Hoy, esa hipótesis se ha transformado en inmunoterapia: vacunas diseñadas no para prevenir, sino para tratar el cáncer, aprovechando los avances tecnológicos más recientes.

Tecnología

Las vacunas tradicionales se administran a personas sanas para prevenir infecciones, usando virus debilitados o proteínas virales. Algunas vacunas contra el cáncer, como Provenge, funcionan de forma similar, pero con el objetivo de que el sistema inmunológico reconozca y ataque células tumorales.

Las nuevas vacunas terapéuticas, en cambio, utilizan tecnologías como ARNm, ADN tumoral o células inactivadas del propio paciente para generar una respuesta inmune personalizada. Su propósito no es prevenir, sino tratar el cáncer una vez diagnosticado o evitar su reaparición.

Países que desarrollan estas vacunas

  • Rusia: El Centro Gamaleya —creador de Sputnik V— desarrolla una vacuna contra el cáncer basada en ARNm. Anunciada por el presidente Vladímir Putin en 2024, está diseñada a partir de los neoantígenos del tumor de cada paciente, estas proteínas únicas que «entrenan» al sistema inmunológico para reconocer y destruir las células tumorales. Las pruebas en humanos se planean para mediados de 2025.
  • Estados Unidos: Moderna y BioNTech lideran proyectos con vacunas personalizadas. Moderna, en colaboración con Merck, desarrolla la mRNA-4157 para melanoma metastásico. BioNTech trabaja en vacunas para cánceres de pulmón, próstata, páncreas, colon y piel, actualmente en fases 1 y 2 de ensayo clínico. Cabe destacar que bajo el gobierno de Donald Trump dejó sin efecto 22 contratos federales relacionados con vacunas de ARNm, en medio de cuestionamientos sobre su seguridad.
  • España: La Clínica Universidad de Navarra investiga vacunas basadas en células dendríticas para cánceres avanzados, como el de colon metastásico. Los ensayos han demostrado una respuesta inmune específica, sin generar efectos autoinmunes, lo que refuerza su seguridad como tratamiento.
  • Reino Unido: El Servicio Nacional de Salud (NHS) fue pionero en Europa en utilizar la inyección de nivolumab (Opdivo), que trata 15 tipos de cáncer en solo 3 a 5 minutos por sesión. Esta versión subcutánea tiene el mismo costo que la intravenosa, pero permite agilizar la atención médica.

El desarrollo de vacunas terapéuticas personalizadas, permite crear registros genómicos de pacientes oncológicos para facilitar la investigación y acelerar la producción de este tipo de vacunas. Los biobancos permiten identificar patrones moleculares comunes entre tumores, lo que podría reducir, en el futuro, el tiempo y el costo de fabricación de cada dosis.