Pantallas y niñez: la evidencia muestra efectos, más no una “demencia digital”
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¿Qué verificamos?
Una imagen que circula en redes sociales afirma que el exceso de pantallas afecta al cerebro infantil y lo presenta como una forma de “demencia digital”, asociada a un daño cerebral permanente.
¿Por qué es impreciso?
La afirmación mezcla hallazgos reales con una conclusión que no está respaldada por la evidencia científica. Múltiples estudios vinculan el uso excesivo de pantallas con dificultades en la atención, la memoria y la interacción social durante la infancia. Sin embargo, estos efectos no cumplen los criterios clínicos de una demencia ni implican daño cerebral irreversible. Además, no hay consenso médico que reconozca el término ‘demencia digital’ como un diagnóstico. Presentarlos como una enfermedad neurodegenerativa distorsiona el alcance de la evidencia disponible.
¿Qué dice la evidencia?
- Origen del concepto: El término “demencia digital” fue difundido por el neurocientífico alemán Manfred Spitzer en 2014 como una hipótesis sobre los posibles efectos del uso intensivo de tecnologías en el esfuerzo cognitivo y la memoria. Sin embargo, esto no corresponde a un diagnóstico clínico reconocido.

- Estudios y análisis científicos: Investigadores de la Universidad de Talca (Chile) advierten que la exposición prolongada a pantallas en niños y adolescentes puede influir en procesos cognitivos y socioafectivos, pero no han encontrado evidencia de una enfermedad neurodegenerativa.
- Pronunciamientos globales: La Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda evitar el uso de pantallas en menores de dos años y limitarlo a un máximo de una hora diaria entre los dos y cuatro años, priorizando la interacción con cuidadores.
- Efectos condicionados: El Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF), señala que el impacto de la tecnología en la infancia depende del tiempo de uso, el tipo de contenido y el acompañamiento adulto, y no respalda la idea de un daño cerebral irreversible generalizado.

- Uso digital: Estudios basados en seguimiento prolongado con neuroimagen muestran que el uso intensivo de medios digitales no altera de forma significativa el desarrollo global del cerebro, aunque algunos efectos específicos requieren monitoreo a más largo plazo.
- Teoría sin respaldo: Revisiones recientes publicadas en Nature Human Behaviour no respaldan la hipótesis de la «demencia digital” como un fenómeno clínico, y en adultos mayores incluso se ha observado que el uso de tecnología puede asociarse con menor riesgo de deterioro cognitivo.
- Análisis de expertos: La literatura científica coincide en que aún faltan estudios causales que permitan vincular de forma directa cambios fisiológicos o anatómicos con los efectos observados en los estudios actuales.
Contexto importante
La demencia es un síndrome clínico caracterizado por un deterioro progresivo y generalmente irreversible de funciones cognitivas como: la memoria, el lenguaje y el razonamiento, causado por daño cerebral. Ninguna investigación ha demostrado que el uso de pantallas en la infancia produzca este tipo de deterioro.
La UNICEF advierte sobre el aumento de hiperconectividad en la infancia y la adolescencia, caracterizada por el uso intensivo de pantallas, redes sociales y notificaciones constantes. En su reciente estudio, el organismo identificó que a los 10 años el 41% de los niños y niñas dispone de un móvil propio. Estas alertas explican por qué existe preocupación sobre los efectos de la tecnología en el bienestar infantil. Sin embargo, estas advertencias se centran en el uso equilibrado de la tecnología y en el acompañamiento adulto, no en la existencia de una demencia asociada a las pantallas.
Conclusión
IMPRECISO: La afirmación se basa en preocupaciones reales sobre el uso excesivo de pantallas, pero utiliza un término sin respaldo científico y sobredimensiona los efectos observados más allá de lo que demuestra la evidencia. Los estudios disponibles describen posibles impactos en el desarrollo infantil, no una demencia ni un daño cerebral permanente.
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