Qué dice la evidencia sobre abuso infantil y conducta delictiva en la adultez
El abuso infantil incluye acciones u omisiones que afectan la integridad física, emocional o psicológica de niños y niñas. Puede presentarse como abuso físico, emocional, sexual o negligencia. La investigación coincide en que sus efectos no siempre terminan en la infancia y, en algunos casos, pueden extenderse a etapas posteriores de la vida.
Una revisión publicada en junio de 2025 por investigadores de la Pontificia Universidad Católica del Ecuador analizó 25 estudios sobre las consecuencias del abuso infantil en la adolescencia y la adultez. La evidencia revisada encontró una asociación estadística entre estas experiencias y un mayor riesgo de depresión, ansiedad, trastorno de estrés postraumático (TEPT) y conductas delictivas.
La revisión no afirma que el abuso determine estos resultados de forma automática. Los propios autores subrayan que el acompañamiento social y la atención terapéutica temprana pueden reducir esos riesgos.
Desinformación frecuente y qué muestra la evidencia
“Todas las víctimas de abuso infantil terminan con trastornos mentales”
La evidencia no respalda esta afirmación. El abuso puede aumentar el riesgo de problemas de salud mental, pero no todas las personas que lo vivieron desarrollan trastornos. El resultado depende de múltiples factores, como el entorno, el apoyo recibido y las experiencias posteriores.
Además, los estudios muestran diferencias importantes entre contextos y poblaciones, lo que impide generalizar estos efectos a todos los casos.

“El abuso infantil causa automáticamente conductas delictivas en la adultez»
No hay evidencia que demuestre una relación automática o directa. La revisión identificó un aumento de probabilidad, no una relación de causa y efecto.
La conducta delictiva responde a factores sociales, económicos y psicológicos que interactúan entre sí. Atribuirla únicamente al abuso infantil simplifica en exceso lo que muestran los datos.
«Solo el abuso físico tiene consecuencias duraderas; otros tipos de abuso no son tan graves»
La evidencia no respalda esta idea. Los estudios revisados muestran que el abuso emocional, sexual y la negligencia también pueden asociarse con efectos persistentes en la salud mental y el comportamiento. El impacto varía según el tipo de abuso, su severidad, la edad en que ocurrió y el contexto social.
Centrarse solo en el abuso físico deja fuera otras formas de violencia que la literatura científica también vincula con consecuencias a largo plazo.

«Si el abuso no fue constante o duró poco, no deja secuelas importantes»
No hay evidencia de que la corta duración o la falta de repetición del abuso eliminen el riesgo de consecuencias a largo plazo.
La revisión sistemática señala que el tipo, la severidad y la duración del abuso pueden influir en el nivel de impacto, pero no determinan por sí solos la ausencia de secuelas. Incluso experiencias no prolongadas pueden afectar el desarrollo emocional y psicológico, dependiendo del contexto, la edad en que ocurrieron y la existencia (o no) de apoyo social y atención terapéutica. Minimizar los efectos por su duración simplifica un fenómeno que la evidencia describe como complejo y multifactorial.
“La mayoría de delincuentes fueron víctimas de abuso infantil”
La revisión encontró una asociación entre antecedentes de abuso y mayor riesgo de conductas delictivas, pero no concluye que la mayoría de personas que cometen delitos hayan sufrido maltrato infantil.
Los propios investigadores señalan que la evidencia sobre los efectos a largo plazo del abuso infantil sigue siendo desigual y fragmentada, lo que limita conclusiones generales.
Fuentes:
Pontificia Universidad Católica del Ecuador – Efectos a largo plazo del abuso infantil en la salud mental y el comportamiento delictivo en la edad adulta: Una revisión sistemática